
Aunque suene a tópico, desde luego no resulta exagerado decir que lo que vivimos el pasado sábado en Wagon fue una noche épica. Todo vendido para un evento con un cartel sólido encabezado por una de las bandas más en forma del metal europeo: Jinjer. Personalmente, tenía un par de curiosidades que resolver. Por una parte tenía ganas de conocer esta nueva sala ubicada en la Estación de Chamartín, que durante décadas fue Macumba, y que tras años de cambios y cierres, ha sido reformada y reinaugurada como Wagon hace exactamente un año. Y por otra, quería testar la calidad del directo de Jinjer, porque cuando tuve la oportunidad de verlos en el Resu de 2018 me los perdí porque no los tenía yo muy controlados por aquel entonces, además de que tocaban a la hora de comer… Mucho ha cambiado todo desde entonces, y hoy por hoy, a pesar de que les ha tocado lidiar con la guerra que les hizo abandonar su país, la música se abre camino y los ucranianos se han convertido en una banda grande cuyo techo, vislumbro, que no han alcanzado aún.

Textures
La apertura de puertas tenía lugar a las 17:30 y al llegar a esa hora al recinto me pareció impresionante la larga cola que ya había para acceder. Está claro que nadie se lo quería perder y había muchos interesados en copar las primeras filas, aunque en realidad tampoco era imprescindible para poder disfrutar de las actuaciones. La configuración de la sala, con distintos niveles, barandillas para apoyarse, etc, hace que la visibilidad sea perfecta desde cualquier sitio. Me causó una gran impresión en este sentido, y también en el aspecto técnico necesario para llevar a cabo conciertos de estas características: buen sonido y buena iluminación. La velada se desarrolló con una puntualidad exquisita y a las 18:00 hicieron su aparición sobre las tablas Textures. Los holandeses aprovecharon la ocasión para presentar su nuevo y recién publicado «Genotype» del que pudimos escuchar temas como «Closer To The Unknown» o «Measuring The Heavens».

Textures
Con una sobria puesta en escena, el sexteto ejecutó a la perfección su metal técnico de corte progresivo durante los cuarenta minutos de que dispusieron sobre el escenario. Mostrando cercanía con su público, que hay que decir que lo tenían, pero sin pasarse con la verborrea, puesto que había que aprovechar el tiempo, Daniël de Jongh lideró la actuación de un combo que defendió con solvencia un repertorio cargado de energía y cambios de ritmo en el que se alternan las voces limpias con los guturales y que cerraron por todo lo alto con uno de sus temas clásicos más reconocidos, «Laments Of An Icarus».
Tras el pertinente tiempo de descanso para el público, y dedicado al cambio de bártulos para los encargados de la logística sobre el escenario, colaborando en esas tareas algunos miembros de ambos grupos teloneros, llegó el momento a eso de las 19:00 para Unprocessed. Ya había tenido la ocasión de disfrutar de su directo hace dos años cuando, en aquella ocasión, acompañaban a TesseracT en su gira. Aquel show en el que los descubrí me causó gran impresión e indagué posteriormente en su música, la cual, curiosamente (o no tanto) me convence mucho más en directo que en estudio.

Unprocessed
Su peculiar propuesta, que podría calificar como una mezcla entre Polyphia y Thy Art Is Murder, no deja de ser excitante e innovadora, pero en los discos me satura (también en su última obra, un «Angel» que vio la luz el año pasado) por el peso excesivo que en mi opinión tiene la vertiente frenética y agresiva deathmetalera. Eso sí, cuando empiezan a hacer tapping, armónicos y solos con sus guitarras de ocho cuerdas no puedes sino quedarte hipnotizado mirando hacia el escenario. Con una estética juvenil, consiguen enganchar tanto al público de su edad como al más joven, desarrollando con energía y pulcritud un metal moderno con toques djent que, como digo, transita entre lo más delicado e intricado y lo más bruto. Muestra de esto último es cuando en el tramo final de su set se atrevieron a jugar con el público amagando con versionar «Raining Blood» de Slayer para incitar al pogo a los asistentes.

Unprocessed
Mosh pits que se llevaron a cabo con la «ayuda» de un controlador de pogos (con chaleco y todo) que, aprovechando la coyuntura, se marcó un crowdsurfing que sería largamente imitado con posterioridad por varios asistentes durante la actuación de Jinjer. En el apartado estrictamente musical de la actuación de los alemanes simplemente destacar la garra de su bajista David Levy, que eventualmente ejerce de vocalista en distintos tramos del set, y siempre de sostén rítmico junto al batería Leon Pfeifer, que es un compendio de técnica y velocidad a las baquetas. Además, por supuesto, del virtuosismo que derrochan los guitarristas Christoph Schultz y Manuel Gardner Fernandes, quien además es el vocalista principal de la banda y líder espiritual. «Sleeping With Ghosts», «Beyond Heaven’s Gate», «Thrash» o «Terrestrial» hicieron las delicias del personal y caldearon el ambiente para los principales protagonistas de la noche.

Jinjer
Con la sala completamente abarrotada desde mucho tiempo antes, a las 20:15 hicieron Jinjer su aparición sobre las tablas. Primero lo hicieron Roman Ibramkhalilov (guitarra), Eugene Abdiukhanov (bajo) y Vlad Ulasevich (batería), todos ellos vestidos sobriamente de negro, como queriendo no destacar y asumir el papel de figurantes en una función que está diseñada para el lucimiento de la diva que comanda la banda. Los nervios contenidos entre el personal estallan cuando Tatiana Shmaylyuk aparece radiante en su vestido blanco con aires étnicos de su tierra. Una puesta en escena pensada para que todos los ojos se dirijan a Tatiana, es inevitable, pero aunque así sea en el aspecto visual, no creo que haya nadie que obvie el espectacular trabajo que hacen sus compañeros en cada uno de los instrumentos que tocan, siendo todos unos virtuosos en lo suyo.

Jinjer
Yo no soy fan acérrimo de Jinjer, he de decir. Me pasa algo parecido a lo que citaba anteriormente de Unprocessed. Es decir, en disco bien, sin más. En directo mucho mejor. En el caso de Jinjer lo intuía por los vídeos que se pueden ver de ellos, así como por las crónicas de sus directos, pero el pasado sábado pude comprobarlo en mis propias carnes y todo aquello se quedaba corto. La imponente presencia hipnótica de Tatiana lo eclipsa todo. La imagen y el atractivo físico es directamente proporcional a su talento como vocalista, donde es capaz de pasar de los guturales más agresivos, en los que auditivamente sería imposible diferenciar el sexo del que los ejecuta, a las voces más limpias, bellas y armoniosas posibles. Técnicos y pulcros al máximo, los cuatro ucranianos han sabido forjarse una identidad plenamente reconocible, pasando de ser una banda de culto a una de las más reputadas de la escena continental. Y en Madrid demostraron el por qué.

Jinjer
Con una discografía tan amplia y compleja como repleta de matices, es lógico que su último disco, «Duél», fuera el que copara el mayor protagonismo en el set. La mitad del mismo, para ser exactos. Siendo la homónima que abrió la velada, y los singles «Green Serpent», «Kafka» y «Someone’s Daughter» los temas más celebrados. La música de Jinjer no es precisamente fácil, lo que hace más sorprendente y meritorio su éxito, y además va acompañada de una cuidada puesta en escena, tan sencilla como efectiva, con varias pantallas en las que se proyectan sus lyrics videos o imágenes acordes a los temas, incluida la que cubre la plataforma sobre la que Vlad Ulasevich preside la ceremonia a los mandos de su batería. Tatiana vibró e hizo vibrar en todas y cada una de las canciones, dejándose el alma y los pulmones, incluso teniendo que apartarse alguna vez del micro para toser. No sé si fruto de la exigencia de su música o si de un catarro, ambas opciones son plausibles cuando estás metido en una gira tan extensa y exigente como la que están llevando a cabo.

El show, que apenas duró hora y cuarto, transcurrió fluido, sin apenas pausas, y satisfizo a sus fans de toda la vida con clásicos como «Vortex», «Teacher, Teacher!» y, ni que decir tiene, «Pisces», paradigma de la esencia Jinjer en lo que a la combinación de dulzura y agresividad se refiere. Tras la interpretación de su pequeño gran himno, hicieron una pequeña pausa a modo de bis, para regresar tocando otro de sus temas más reconocidos, un explosivo «Sit Stay Roll Over» que ejerció de perfecto cierre a una actuación soberbia que a muchos se nos hizo corta. Eso es consecuencia también del tipo de conciertos que se llevan ahora, con dos, incluso tres teloneros, que alargan innecesariamente las veladas y reducen la duración de las actuaciones de los artistas principales. Es el signo de los tiempos. Pero en líneas generales se puede decir que el público salió más que satisfecho y con la sensación de que habíamos vivido un concierto de esos que se guardan para siempre en el recuerdo, que además sirvió de refugio ante este frío y lluvioso invierno madrileño que más bien parece escocés.

Jinjer
Copyright © 2016-2025 Rock4Spain

0 comments