Una auténtica maravilla. Eso es «Empty Hands», el último disco de Poppy, un trabajo que engancha de inmediato. ¿Es su obra maestra? A día de hoy, en mi opinión, desde luego que sí, pero al ritmo frenético que trabaja esta chica puede que la apreciación pronto se quede obsoleta. En cualquier caso, el listón lo ha puesto muy alto. Lanzado el pasado 23 de enero de 2026, de nuevo a través el sello Sumerian Records, especializado en bandas de metal con chicas que gritan al frente, «Empty Hands» es su séptimo álbum de estudio en apenas una década de carrera musical y llega tan solo un año después de «Negative Spaces» (noviembre de 2024), consolidando su etapa más pesada y agresiva junto al ex-Bring Me The Horizon Jordan Fish con el que repite colaboración artística.
Está claro que la simbiosis entre Moriah Rose Pereira (alias «Poppy») y Fish funciona a la perfección. El Rey Midas de la producción, en lo que al metal actual se refiere, ha encontrado en la norteamericana a su compinche perfecta para dar forma a ese sonido tan característico donde las guitarras distorsionadas y ultracomprimidas empastan con cuidados arreglos electrónicos para conformar un todo perfectamente cohesionado capaz de encandilar a millones de oyentes alrededor del globo terráqueo. Se puede decir que con «Negative Spaces» ya dieron con la tecla, pero no era un disco tan redondo como «Empty Hands». En aquel todavía predominaba esa sensación de artificio y frialdad que sobrevuela muchas de estas producciones de metal moderno, mientras que en este último disco las canciones tienen más alma y transmiten más autenticidad. Uno no sabe hasta qué punto el resultado de lo que escuchamos es producto de la mente de la artista que firma el disco, o de la del productor del álbum. Esta claro que Jordan Fish ha tenido mucha mano, del mismo modo que tampoco se puede obviar el efecto que han podido tener los distintos músicos que han colaborado en el disco, en especial Johnuel Hasney (guitarrista de Toothgrinder) que ha grabado múltiples guitarras y bajos, pero no hay que restarle un ápice de mérito a la vocalista y compositora de Boston que ha demostrado sobrada capacidad creativa desde bien joven. El disco tiene vocación de clásico de cara a un futuro. Es como cuando a alguien en la actualidad que quiere saber qué era aquello del nu metal de los 2000 yo le recomiendo escuchar el «Hybrid Theory» de Linkin Park. Quizá dentro de veinte o treinta años cuando alguien quiera saber cómo era el metal que se escuchaba en la década de los años 20 del siglo XXI habrá que recomendarle el «Empty Hands» de Poppy.
«Public Domain» es una introducción al álbum un tanto confusa. ¿Va a volver la Poppy más ecléctica y desconcertante? Pues nada más lejos de la realidad. En este tema raruno de aroma industrial que aúna rock alternativo y pop comercial contemporáneo, el tramo final ya sí que nos acerca a la esencia de lo que es Poppy en 2026, y eso es «Bruised Sky», una maravilla de canción en la senda del metalcore progresivo abierta por Spiritbox hace un lustro, que nuestra protagonista no se limita a seguir sino que la ensancha con maestría. «Guardian» no se desmarca del anterior, y si bien no rebaja la intensidad emocional, sí que la transforma creando una atmósfera aún más íntima. «Constantly Nowhere» es un brevísimo interludio, exclusivamente vocal y robótico, que ejerce de enlace a «Unravel», un hit moderno donde la base electrónica toma el control durante las estrofas para pasar a un estribillo pop y acabar después con un breakdown catártico que da paso a una nueva repetición del glorioso estribillo. Contraste brutal con «Dying To Forget», un corte con agresividad hardcore, al estilo de sus amigos de Knocked Loose, tan solo suavizada (muy levemente, no os vayáis a creer) por el estribillo. No en vano, colabora el guitarrista de la banda, Isaac Hale, además de Stephen Harrison de House Of Protection, que hace lo propio en este y otros cuatro temas del álbum. «Time Will Tell» nos devuelve a la Poppy con vocación de artista de estadios, un single espectacular que bien podría convertirse en himno generacional para los jóvenes amantes del metal contemporáneo. Melódica y demoledora al mismo tiempo. Sin ser del todo drásticos, los contrastes y los múltiples matices que envuelven cada composición es lo que marca este trabajo, y así nos topamos con un «Eat The Hate» breve y directo, muy noventero, con una vibra punk-rock y grunge que parece resultante de un cruce entre Nirvana y Garbage, y a renglón seguido, un «The Wait» que pasa por ser el corte más pop del lote, sin por ello desmerecer respecto al resto. Un ejemplo de producción moderna al margen de estilos. Del mismo modo que lo es «If We’re Following The Light», cuya aparte inicial es una auténtica delicia y ejemplo perfecto de producción musical actual. Y tras un nuevo interludio fugaz como «Blink» llegamos a otro temazo de metal moderno como «Ribs». Melódico, pegadizo y potente, y en el que a diferencia de otros, las guitarras abiertas adquieren mayor protagonismo respecto a los riffs monolíticos. Y para echar el cierre, vuelve a coger el rebufo de «Dying To Forget» y con el track que da título al álbum nos descerraja una de las canciones más pesadas y aguerridas que ha facturado hasta la fecha, con un breakdown demoledor propio del deathcore.
En resumidas cuentas, podemos decir que Poppy está de dulce. En «Empty Hands» se deja de devaneos y abraza sin contemplaciones un metal moderno pulido y expansivo. Ha alcanzado su mejor nivel técnico y su capacidad para pasar de una voz melódica y dulce a screams y guturales se percibe más natural que nunca. Todo ello sin olvidar la madurez lírica de unas canciones que exploran temas de traición, dolor romántico y furia existencial con valentía y honestidad. Poppy no suena a metal clásico. Lo suyo es híbrido, contemporáneo, más cercano a la generación digital a la que pertenece que a la de los CDs rayados y las cintas de cassette regrabadas una y mil veces. Esto es lo que hay, y aunque incomode a muchos, el futuro es suyo.

Moriah Rose Pereira «Poppy»
Lo mejor: Poppy encuentra su rumbo y alcanza la excelencia en un álbum redondo que define la quintaesencia del metal contemporáneo, aunando una producción pulcra y cuidada hasta la extenuación con unas canciones con alma.
Lo peor: ?

Poppy «Empty Hands» (Sumerian Records)
1. Public Domain
2. Bruised Sky
3. Guardian
4. Constantly Nowhere
5. Unravel
6. Dying To Forget
7. Time Will Tell
8. Eat The Hate
9. The Wait
10. If We’re Following The Light
11. Blink
12. Ribs
13. Empty Hands
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