Till Lindemann (15 de noviembre, Palacio Vistalegre, Madrid)

Till Lindemann envistió a sus seguidores en el Palacio Vistalegre de Madrid, como si de los morlacos que presiden el acceso a esta plaza de toros se tratase. Un recinto de Arena reconfigurado para la ocasión como solo pista debido a la baja venta de tickets, lo que llevó a la organización a reubicar a los asistentes con entrada de grada a la pista, quedando estas cerradas y cubiertas con una lona. Esto provocó el malestar de algunos de ellos. Del mismo modo, los fotógrafos nos vimos privados en el último momento de presenciar la actuación de los teloneros, Aesthetic Perfection, ya que por lo visto, los fotógrafos molestábamos en la producción de su show. Pues nada, esperamos fuera a que llegara el momento de presenciar la actuación principal. Todo ello en una noche desapacible, típica de noviembre, con lluvia y frío, por lo que los augurios no eran buenos. Pero la velada que parecía torcerse en un principio se transformó en una de esas que quedan para la posteridad desde el mismo momento en que Till Lindemann hizo su aparición en escena.

Con exquisita puntualidad, sobre las 21:15 de la noche, las luces del recinto se apagaron y el humo comenzó a extenderse por el escenario mientras los músicos surgían entre las tinieblas con ese aire tétrico tan propio de las producciones de este tipo de bandas. Aquí no hay nada de la pirotecnia ni de los cañones de fuego que caracterizan los shows de Rammstein, pero sí todo y mucho más de lo que concierne a la provocación y la obscenidad que rodea a la puesta en escena de la mítica banda alemana. La performance excesiva y deliberadamente incómoda está diseñada para no dejar a nadie indiferente. Dicho lo cual, y visto que no corríamos riesgo de quemarnos las pestañas en el foso, sí que tengo que decir que no me libré de la cerveza escupida de boca del trovador de Leipzig. Sí que lo hice al menos, de los tartazos que recibieron los asistentes de las primeras filas a mitad del show o de las sardinas que lanzaron al público ya en el tramo final mientras interpretaban «Fish». Ya veis a qué tipo de espectáculo nos estamos refiriendo.

El caso es que Lindemann juega en su propia liga, y eso sí que lo sabemos todos de antemano antes de acudir a su show. Al igual que ocurre con su banda madre, la música pesada y machacona (ciertamente original) que factura tiene un impacto que no sería el mismo sin su espectacular puesta en escena. A mí lo que me hubiera gustado es estar en el casting que en su momento haría para buscar a los músicos que le acompañan en esta aventura en solitario. ¿Habría algún anuncio del tipo «se busca teclista femenina que también sea pole dancer»?. Reconozco que esto me dejó loco. El caso es que no escatima ni en extras ni en maquinaria escénica, convirtiendo las tablas del coso madrileño en un futurista espacio industrial siempre en movimiento. Todo muy sexualizado, eso siempre, pero para ello ya advierten en el proceso de compra de entradas para este, su Meine Welt Tour, que no está permitida la entrada a menores de edad. Si este siempre ha sido su rollo, y ha superado sin mayores problemas los intentos de cancelación tan propios de estos tiempos, no va a cambiar ahora. Habrá quien piense que siendo ya abuelo, igual le tocaría… Bueno, puede ser, pero seguro que esos no estaban ente los asistentes a la cita.

Yendo directamente al aspecto musical, cabe decir que el sonido fue sorprendentemente bueno teniendo en cuenta el recinto que albergaba el evento. Mejorando, además, a medida que avanzaba el concierto. El sonido fue potente y nítido, perfectamente ejecutado por los cinco músicos pluriempleados que lo acompañan, y la voz de Till también perfecta, en su línea. El repertorio lo repartió a pachas entre temas de su «Zunge 2025» (reedición de su álbum debut en solitario que incluye varios temas extras que sonaron en Vistalegre) y canciones pertenecientes a los dos discos que publicó junto a Peter Tägtgren (Hypocrisy, Pain) con el proyecto Lindemann. Para eso llevaba su apellido… No cayó ninguna de Rammstein, algo que todos hubiéramos celebrado, pero también es lógico si lo que quiere es marcar ciertas distancias. El caso es musicalmente tampoco las marca mucho, es más de lo mismo, ¿pero acaso alguien quiere otra cosa?. Lo borda en lo suyo, y este concierto seguro que ninguno de los asistentes lo olvidará en su vida. Como momentos estelares destacaré la interpretación de la aflamencada «Tanzlehrerin» con la guitarra acústica llevando el protagonismo instrumental y el cierre del show con su particular versión de «Entre Dos Tierras» de Héroes Del Silencio que puso a botar y cantar a toda la sala – aunque todavía a estas alturas la mayoría de la gente no se la sepa como Dios manda – como paso previo a despedirse desde las alturas que les proporcionaban las plataformas elevadoras mientras sonaba por línea «Home Sweet Home» y Till Lindemann agradecía a Madrid la cálida acogida. Ojalá nos veamos en la próxima dijo. El sentimiento es mutuo.

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Fundador y director de Rock4Spain. Esposo y padre de dos. Funcionario del rock & roll. Tras aparcar sus proyectos musicales propios y con la experiencia que le dan varios años de colaboración como redactor en cylcultural.org decide lanzarse a esta empresa.

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