
PRÓLOGO: En 1996, The Black Crowes lo tenían ciertamente complicado para superar o igualar sus magistrales, vibrantes y exitosos primeros álbumes de rock and roll como son «Shake Your Money Maker» (1990), «The Southern Harmony and Musical Companion» (1992) y «Amorica» (1994). Más aún se agudizaba esta dificultad cuando los dos abanderados de la banda, los hermanos Chris y Rich Robinson, se hallaban en plena resaca emocional ya que acababan firmar una tregua después de una serie de agotadoras e interminables trifulcas entre ellos, durante la gira de 1995. Una circunstancia ésta de inestabilidad que repercutía siempre en la cohesión interna del conjunto de Atlanta y que casi había provocado la ruptura total de la misma en aquel periodo.
Sin embargo, bajo mi prisma personal, el muy aprovechable y ecléctico «Three Snakes and One Charm», del propio año 96, gana ampliamente con las escuchas y con el tiempo; además de merecer un puesto muy elevado dentro de la rutilante trayectoria de los propios Crowes. En consecuencia, dicha obra se queda a escasos milímetros de los otros tres trabajos citados en lo que a calidad se refiere; expresado directamente y con simplicidad por el autor de este artículo.
Y es que, tal vez, resultó bastante injusto que una parte de la crítica especializada no considerara este mismo álbum entre uno de los más prominentes de los Black Crowes o que las ventas de dicha obra se resintieran bastante respecto a su citada increíble racha de triunfos entre 1990 y 1994.
CANCIONES: Un repertorio éste de “Tres serpientes y un hechizo” que, quizás, no posee rompedores hits-estrella como lo puedan ser la versión de “Hard to Handle” (1990), “Remedy” (1992) o “A Conspiracy” (1994), por ejemplo, pero que contempladas como una compacta unidad, las 12 canciones de este cuarto LP “crowe”, de 1996, hacen una fuerza considerable y el tímpano rockero queda muy agradecido cuando concluye este sabroso minutaje; donde la calma después de la tormenta en cuanto a la compleja relación personal entre los hermanos Robinson posee su reflejo artístico aquí mismo, en este trabajo de la banda, del propio año 96.
Así pues, la agradablemente perezosa “Under a Mountain”, la fina y absorbente “Good Friday”, la hábil dureza de “Nebakanezer”, la nerviosa “One Mirror Too Many”, la accesible y algo saltarina “Blackberry”, la delicada y relajante “Bring On, Bring On”, la equilibradamente azucarada y melódica “How Much For Your Wings?” o esa psicodélica, machacona e inquietante genialidad denominada “Evil Eye” (entre otras piezas), se han mantenido inoxidables todas ellas y han plantado cara al innegociable transcurrir de Cronos.
También beneficia al propio disco que por vez primera en la carrera del combo de Georgia se introduzca una sección de viento, en concreto, The Dirty Dozen Brass Band. Unos ricos toques sonoros éstos a los que los Crowes habían sido reticentes hasta ese momento de su trayectoria, sin embargo, aquí los hermanos Robinson y cia. buscaron ofrecer matices algo distintos a sus estándares armónicos a la hora de grabar «Three Snakes and One Charm». Así pues, efectivamente, el atractivo y la viveza aumentan para esta ocasión específica con la introducción de metales para la furiosa “(Only) Halfway To Everywhere” y la despreocupada “Let Me Share The Ride”.
INTEGRIDAD GRUPAL: Otro punto a favor de «Three Snakes and One Charm», es que a pesar de las tiranteces sin fin de los Robinson Brothers justo antes de ir al estudio, en 1996, afortunadamente todavía se mantienen en el combo durante este mismo punto temporal el guitarrista Marc Ford, el bajista Johnny Colt, el teclista Eddie Harsch o el batería co-fundador Steve Gorman con lo que, teóricamente, todavía The Black Crowes se hallaban muy cerca de su mejor esencia grupal y aún aguantaba, como podía, la espina dorsal del proyecto en cuanto al ducho personal participante.
Como adicional punto de refuerzo y cierto equilibrio dentro de ese volcán dormido que, en 1996, eran los Black Crowes, repetía en la producción el eminente Jack Joseph Puig en lo que respecta a Three Snakes; tal y como ya había acontecido durante el colosal «Amorica», de 1994.
LUGAR DE GRABACIÓN: Aquel “hechizante” disco de 1996; el cual suena a “domingo por la mañana” como una vez lo calificó Chris Robinson, guarda también esa condición debido a que fue registrado en una aislada casa de campo, cerca de Atlanta; lejos del mundanal ruido. Es cierto, en consecuencia, que el álbum de las “tres serpientes”, en general, da la sensación de ser ligeramente algo menos hard que los tres trabajos precedentes del histórico conjunto sureño. Adicionalmente, el propio hecho de que el sexteto pasara varias semanas plasmando el LP en aquel mismo rústico emplazamiento (el cual la banda bautizó, precisamente, como Le Chateau de le Crowe) también favoreció a la paz grupal y a una mayor creatividad compositiva.
FRONTAL: Como añadido, expresaremos objetivamente que esa llana portada de 3 grises serpientes fusionadas e imitando la redondez y la silueta de cierto tipo de adaptador de vinilos de 45 r.p.m. no agradó en demasía a muchos fans de la banda; aunque bajo, mi punto de vista, existen cubiertas de discos mucho peores que la aludida.
CONCLUSIÓN: En definitiva, que a través del persuasivo en un muy alto porcentaje, «Three Snakes and One Charm», los talentosísimos The Black Crowes demostraron, nuevamente, seguir siendo mucho más que dignos sucesores de los benditos sonidos de los dorados 60 y 70 practicados por, por ejemplo, The Faces, Lynyrd Skynyrd, The Rolling Stones, Sly and the Family Stone, Humble Pie, o The Allman Brothers Band y al mismo tiempo, el formidable sexteto de Georgia continuó creciendo y madurando dentro de su propia personalidad musical (la cual es extensa y variada) y de su relativa originalidad.
ACTUALIDAD: De paso, recalcaremos que ahora, 30 años después, los propios Crowes siguen realmente activos y en gran forma; demostrándolo, por ejemplo, con su último disco, de 2026, «A Pound of Feathers», magnífico el mismo; donde se sigue desarrollando la ostensible sapiencia rockerística que posee esta formación meridional, les salgan mejor o menos mejor las cosas en el estudio.
Indudablemente, The Black Crowes se merecen figurar en el Top-100 entre las más asombrosas bandas de rock pertenecientes a la longeva cronología de este sacro género. «Three Snakes and One Charm» es una prueba más de ello, sin discusión.
NOTA EPILOGAL: Una de las varias ciudades de España en que se presenciaron The Black Crowes, en 1997, para promocionar este mismo disco, en directo, fue Pamplona. El que aquí redacta se halló presente en aquel memorable concierto de la urbe navarra.
Txus Iglesias

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