
Hoy en día es fácil ridiculizar a Coldplay. Fácil y justificado. Sí, yo – igual que tú – también lo hago. Pero creo que es de ley recordar que antes de las kiss cams, de las gafas de difracción, de los ciclistas pedaleando para generar electricidad con dinamos, de las pulseritas LED, de los millones de confeti y globitos de colores, y demás excentricidades de sus directos al rebufo de una música cada vez más infantilizada, hubo un tiempo en el que fueron un grupo refinado y rompedor. Los herederos de Radiohead los llamaban, ¿recuerdas?. El grupo formado en Londres por el vocalista y pianista Chris Martin, el guitarrista Jonny Buckland, el bajista Guy Berryman y el batería Will Champion en 1997 (mismo año en que vio la luz «OK Computer») estaba llamado a llevar el pop-rock alternativo a otro nivel, haciendo más accesible la propuesta musical que otras bandas británicas como la liderada por Thom Yorke o Muse estaban popularizando en aquella época. Y vive Dios que durante su primera década de existencia lo consiguieron. La elegancia era el común denominador de unas canciones que transitaban con soltura entre el pop y el rock envueltas en atmósferas conmovedoras que oscilaban a su vez entre la oscuridad y la luminosidad con una brillantez insultante. Y precisamente por esto, porque demostraron que talento tienen, duele tanto la deriva que tomaron a partir de «Viva La Vida Or Death And All His Friends», verdadero punto de inflexión en su carrera.

Estos cuatro inglesitos que se conocieron en el University College de Londres publicaron su primera canción en enero de 1998, se llamaba «Ode To Deodorant», y ellos aún The Coldplay. Poco después lanzaron su primer EP, «Safety», el cual contenía tres canciones: «Bigger Stronger» y «Such A Rush» (que más tarde aparecerían en el EP «The Blue Room», primera referencia discográfica tras su fichaje por Parlophone Records), y «No More Keeping My Feet On the Ground», que se utilizó como cara B de su primer gran éxito, «Yellow». Todos estos temas son desconocidos para la gran mayoría de las personas que abarrotan sus multitudinarios conciertos, del mismo modo que lo son para aquellos que los caricaturizan sin piedad. Tanto para unos como para otros, recomiendo encarecidamente su escucha. Más de uno se llevará una sorpresa. Y así fueron haciéndose un nombre en la escena alternativa británica hasta que publicaron su álbum debut, «Parachutes». Mi idilio con la banda comenzó cuando escuché «Trouble» por primera vez. «¿Y esa melodía de piano?». Ese preciosista y minimalista tema tuvo un gran impacto en mí, algo que no era del todo previsible en alguien más acostumbrado por aquella época al grunge y el nu metal. Ese era el tercero de los singles extraídos de aquel álbum. Le precedieron «Shiver» y el archiconocido «Yellow», y le sucedió «Don’t Panic». Ahí es nada. Un álbum sobrio, elegante, emocional… Lejos de los delirios de grandeza que los absorbió años más tarde.

Tras el éxito de su puesta de largo, que no olvidemos, cosechó premios como el Grammy a mejor disco de música alternativa y álbum británico del año en los Brit Awards, entre otros reconocimientos, tocaba reválida con su segundo disco de estudio. Ese fue «A Rush Of Blood To The Head» y el objetivo lo cumplieron con creces. Mantuvieron sus señas de identidad pero expandiendo aún más su paleta de sonidos. Hits como «In My Place» (primer single del álbum), «The Scientist» o «Clocks», radiados hasta la saciedad, siguen siendo de los más populares de su discografía aún a día de hoy, aunque no desmerecen otras joyas como «Green Eyes», «God Put A Smile Upon Your Face» o la que da título al álbum, que siempre han estado entre mis favoritas. La gira mundial realizada para promocionar el álbum duró un año y pasó por los cinco continentes. Me hubiera gustado estar en el show del Palacio Vistalegre de Madrid o en el del Pabellón Olímpico de Badalona, que fueron sus citas en España, pero no pudo ser. Tendría que esperar un poquito más…

Y el 25 de noviembre de 2005 llegó el día. El Twisted Logic Tour fue la gira mundial realizada por Coldplay para promocionar su tercer álbum de estudio, «X&Y», publicado en junio de 2005, y tuvo su parada en San Sebastián aquel día, intercalada entre las de Madrid y Barcelona. Allí que me fui con mi entrada adquirida en formato físico con meses de antelación. Otros tiempos, otras compañías… Otro todo. Por la calidad de las fotos con las que lo ilustro es daréis cuenta. Lo que no ha cambiado, ni cambiará, es el tiempo de perros que hace por allí en esas fechas. La espera en los aledaños del velódromo de Anoeta bajo una lluvia persistente y un frío considerable no hacía sino añadir épica a la cita. Una vez se abrieron las puertas, entramos prestos a ocupar un lugar preferente frente al escenario que acogió a los también ingleses Goldfrapp como teloneros. Después de su actuación y para hacer tiempo hasta la aparición del cuarteto londinense nos fueron proyectando videos cargados de moralina con múltiples famosos diciéndonos cómo tenemos que vivir y demás. Mira, eso tampoco ha cambiado… El caso es que una vez que dieron el pistoletazo de salida y Chris Martin apareció corriendo por el escenario y saltando hasta el borde del mismo la euforia se desató en todo el recinto.

No puedo recordar el setlist completo del concierto, tampoco creo que sea necesario, lo que sí recuerdo es que no tocaron «Trouble», lo cual no tiene perdón de Dios. Al menos yo, desde luego, no se lo perdonaré en la vida. Este tercer disco de estudio supuso un giro lógico, como dice el decimosegundo corte del mismo, y por ello decidieron llamar así a la gira, para que nadie se llevara a engaños. No escondían la ambición de convertirse en el próximo gran grupo de estadios. Lo que pasa es que en aquel momento, parecía lógico pensar que iban a serlo al estilo U2, y no al estilo Taylor Swift… «Fix You», «Talk», «Speed Of Sound» o «The Hardest Part» son los últimos himnos que nos regalaron a los fans de esta primera etapa de la banda que por aquel entonces no sabíamos que iba a tocar su fin. Es cierto que «X&Y» no era tan brillante como sus predecesores, pero conservaba la magia que los había llevado a ser la referencia de la música alternativa de la época. ¿Los vi en su prime? A nivel artístico puede ser, y eso al menos es un consuelo. Luego ya vino «Viva La Vida Or Death And All His Friends» y todo se fue al garete. Desde luego no para sus cuentas bancarias, pero eso ya daría para otro artículo, y no tengo ganas de meterme ahora en ese jardín. El caso es que quería revindicar su primera etapa, la que muchos obvian, bien por desconocimiento o bien por inquina, y la cual yo me niego a repudiar. ¿Recordamos?.

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