Whisky Caravan han vuelto a destapar el tarro de las esencias, y ya van unas cuantas veces. Eso sí, esta vez lo han dejado abierto de par en par… Su música siempre ha sido honesta y emocional, pero en este caso percibo que se han vaciado por completo, grabando una colección de canciones que conforman no solo el mejor disco que escucharás a lo largo de este año en que ha visto la luz, sino probablemente en el lustro que lo precede y el que lo sucederá. Quizá esta afirmación resulte demasiado categórica, pero así lo siento en el momento en que escribo estas líneas. «Invisibles» nace de una frase de la canción del mismo título: “ser invisibles o marginados podría ser nuestra virtud”. Desde esa idea, el disco se convierte en un homenaje a todas las personas que viven al margen, a quienes no siempre se ve. Esta actitud vital, de la cual todos podemos apropiarnos o sentirnos identificados en un momento determinado, cobra también sentido en la percepción que puede tener la banda acerca de su propia música y de la relevancia que esta tiene. Siempre tengo la sensación de que en los gloriosos 90′ hubiera llegado a las masas y de que se hubieran hinchado a vender discos y tocar en todos los grandes pabellones de este país. Es algo que nunca sabremos. Pero ¿y si la supuesta maldición de nacer en la época equivocada en realidad es una bendición de cara a ser un refugio espiritual para los que sí los han descubierto? Bueno, estoy seguro de que para sus cuentas bancarias no es tal, pero puede que sí para que no se acomoden y mantengan la llama viva construyendo un legado extenso que otros con más éxito comercial no han podido construir, y que sus fieles seguidores puedan seguir disfrutando durante mucho tiempo de sus canciones y de la cercanía de sus conciertos.
«Invisibles» fue grabado entre Valencia y Madrid en los estudios Pentatonic y Santa Rosa, junto a Manuel Tomás (Los Zigarros, Revolver, Amaral) y Santi Fernández (Los Secretos) respectivamente, quienes junto a la banda se encargaron también de la producción, siendo Tomás quien ha realizado la mezcla y el mastering final del disco. Es el último disco en el que la banda madrileña cuenta con Josete Blanco, quien ha grabado los bajos antes de salir del grupo. Su puesto en la gira de presentación lo ocupa Raúl Díaz, mientras que la alineación oficial sigue estando conformada por Danny Caravan (voz, guitarra acústica), Víctor Fraile (guitarras, teclados y coros), Marcos Martínez (batería) y Alberto Martínez (guitarra). ¿Y qué han hecho estos chavales en este nuevo álbum? Pues el más difícil todavía. Han logrado un trabajo redondo, repleto de himnos, tan variado como cohesionado, donde las etiquetas se quedan cortas e incompletas. Un disco de ROCK (así, con mayúsculas) que te mantiene con la piel de gallina prácticamente durante los tres cuartos de hora que dura. Arranca con un tema tan eléctrico y vigoroso como «La Rendición (St. Sinners Row)», plagado de referencias cinematográficas y literarias, que ensalza la versión más oscura de la banda, con unos aires góticos a los HIM del «Love Metal» de los cuáles ya nos dan pistas con las nuevas fotos promocionales, así como con el artwork del álbum obra de la artista mexicana Belem Peña. Rebajan levemente las revoluciones en «Murciélagos Y Golondrinas», un corte repleto de claroscuros marca de la casa y la emotividad que les caracteriza, diseñado (como prácticamente todos, la verdad) para ser coreado a pleno pulmón en los directos. En esa misma línea, pero vestido como un medio tiempo más canónico, tendríamos un «Ahora Ya No Queda Nadie» desolador en el cual contrasta la belleza y dramatismo de las estrofas con un estribillo que, a mi juicio, rebaja el nivel del conjunto porque deja con la sensación de que le falta épica; como que pide algo más. Tampoco lo consideraría un borrón, pero claro, en comparación con lo que viene luego… «Avenidas» tiene hechuras de himno del pop-rock español. Por los tiempos que corren, dudamos que se convierta en ello, pero no va a ser por falta de méritos. Un temazo con marcada esencia de Los Secretos en el que destacaría las armonizaciones de guitarra que hacen Víctor Fraile y Alberto Martínez, sublimes a lo largo de todo el álbum, por otra parte. En «El Predicador» dan un giro de timón para llevarnos a un terreno fronterizo muy bunburiano en el que la cadencia recuerda a un bolero dramático e incluso a un tango, sin perder nunca su esencia rock, generando una sensación de tensión y elegancia. Danny Caravan adopta un tono de crooner arrabalero que también le sienta bien, del mismo modo que lo hace más tarde en «Mientras No Se Acabe La Música», otra canción que se mueve por los mismos derroteros, aunque si bien «El Predicador» tiene ese aire Tex-Mex, la novena canción del lote suena mucho más autóctona. «Mientras No Se Acabe La Música» bebe de la tradición del rock español con aromas a taberna madrileña y tablao andaluz. Sus admirados Bunbury y Shuarma rezuman en cada compás. El epicentro del álbum está reservado para la canción más especial del mismo, sobre la que gravita su temática y que nos demuestra hasta qué punto son Whisky Caravan un grupo infravalorado. «Invisibles» es una canción eminentemente acústica adornada con múltiples y sutiles arreglos en la que Danny se corona como letrista. ¿Acaso soy el único que cuando acaba se queda con la sensación de haber escuchado la puta canción más bonita del universo? Todavía no se ha dado la ocasión de que la escuche una vez sin que se me erice la piel. La tensión eléctrica vuelve a la palestra con «Romper La Cicatriz», un corte más crudo y directo que hubiera encajado a la perfección en «Imaginaciones». Y lo hace como paso previo a otro de esos medios tiempos melancólicos que ellos saben hacer como si fuera fácil. Me refiero a «Esa Sombra Y Yo», que le sigue de cerca a «Invisibles» en lo que a emotividad se refiere. Si tienes un amigo al que le pones esta canción y no le gusta, pues no le vuelves a hablar y punto. El disco se cierra, como marcan sus propias normas, con dos temas que contrastan notablemente. Por una parte tenemos un single de manual como «Una Y Otra Vez»; una canción directa y rabiosa en la que cuentan con la inédita colaboración de Kutxi Romero, dándole ese aura de los Marea. Y a renglón seguido, para cuadrar el círculo, vuelven las atmósferas góticas del inicio con un tema como «Perdidos En Diciembre», de bellísima factura, que si me dicen que pertenece a Romanthica también me lo creo. Sorprendido gratamente con las teclas que Víctor aporta aquí para darle ese tono crepuscular, tan propio de los barceloneses como de los finlandeses nombrados anteriormente.
«Invisibles» es un disco que abraza la melancolía para convertirla en algo luminoso. Es un tributo a la resistencia conformado por once canciones en las que todas y cada una tienen madera de single. Y cada una con su propia personalidad. Whisky Caravan parecen haber encontrado su sonido definitivo en algún punto intermedio entre Los Secretos y Héroes Del Silencio, y es tan único como maravilloso.

Whisky Caravan (Víctor Fraile, Marcos Martínez, Danny Caravan & Alberto Martínez)
Lo mejor: Un trabajo maduro, honesto e impecable. «Invisibles» es la sublimación de su fórmula para redefinir el concepto de rock.
Lo peor: Que aún sean invisibles para el gran público.

Whisky Caravan «Invisibles» (Autoeditado)
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