El Altar Del Holocausto vuelven a la palestra con «ECOS», el cuarto disco del combo salmantino digno de ser considerado como tal. El título del álbum encuentra su significado en una poderosa analogía con las aves migratorias: aquellas especies que, tras pasar el invierno en regiones más cálidas, regresan cíclicamente a sus lugares de origen para comenzar de nuevo. Una metáfora del retorno, la persistencia y la renovación que impregna todo el trabajo. Esto es algo en lo que nuestros protagonistas han querido hacer hincapié y que salta a la vista con el cambio de imagen que presentan en este trabajo. Siguen sin descubrir su rostro, pero han colgado el hábito para enfundarse en unos trajes blancos que no sabemos si serán más cómodos o incómodos a la hora de presentar su música en directo, pero nos muestra esa intención de desmarcarse de ese aura religioso que los hacía inconfundibles. El viraje hacia una imagen más convencional también queda patente en la portada del álbum (muy bonita, todo sea dicho), en la que prescinden de la imaginería religiosa, algo que viene ocurriendo de forma más sibilina desde «De Euforia Y Nostalgia» en los singles que han venido publicando en los últimos tiempos. Porque sí, nos venden que «ECOS» llega tras un periodo de silencio, y podríamos entenderlo así si nos atenemos a que han pasado siete años desde su último LP, «- I T -« (o cinco desde el EP «TRINIDAD»), pero lo cierto es que no han dejado de sacar música en estos años ni de girar por España y Europa, ¡incluso han participado en un festival en China! El caso es que pretenden que este trabajo sea un punto de inflexión en su carrera.
El álbum ha sido grabado en los Metropol Estudios de Madrid durante el pasado mes de enero, y apenas tres meses después ha visto la luz para deleite de sus fieles. «ECOS» está compuesto por seis piezas que recorren distintos paisajes emocionales y sonoros. Ya no tenemos títulos interminables con referencias a pasajes bíblicos y demás, sino que tenemos títulos de una sola palabra que de algún modo remiten a la ornitología buscando encajar con el concepto global del disco. Sin embargo, si nos atenemos estrictamente a lo musical, sus composiciones siguen rezumando espiritualidad a raudales, ¡a Dios gracias!. Los arpegios sutiles y los silencios calculados se intercalan con riffs pesados y desgarradores, reafirmando así su identidad sonora. Destacan los bellos pasajes atmosféricos marca de la casa en los inconmensurables cuatro primeros cortes, siendo el posterior «Vórtice» el más diferente del lote. Casi doce minutos de travesía en la que nos topamos con la versión más densa e incómoda de EADH, conectando directamente con la atmósfera de «- H Ǝ -« aunque con la pulcritud de la producción actual, todo ello sin dejar de mostrar partes luminosas que contrastan sobremanera y convierten al corte en una auténtica montaña rusa. Bajan el telón con un «Recuerdo» que reduce notablemente las pulsaciones sonando a perfecta banda sonora diseñada para amenizar una tranquila puesta de sol. En su conjunto, el álbum representa un giro desde lo místico hacia un concepto más naturalista. Un giro más drástico en lo visual que en lo musical. Y en todo caso, un discazo al nivel de lo que nos tienen acostumbrados.

El Altar Del Holocausto (Reverb Myles, Reaper Model, Weasel Joe & SkyBite)
Lo mejor: Una nueva demostración de por qué son el grupo más original del post-metal y el doom instrumental patrio. Sin perder su esencia sonora, añaden más matices y capas en pos de una sensibilidad melódica aún mayor.
Lo peor: Desprenderse de la imaginería mística que los encumbró puede restarles impacto e identidad.

El Altar Del Holocausto «Ecos» (Autoeditado)
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