
La fecha estaba marcada en rojo en el calendario desde hace un año. En verdad, hay que decir las fechas, porque tal fue la expectación ante el anuncio del concierto exclusivo de Linkin Park en el Auditorio Miguel Ríos de Rivas Vaciamadrid para el 23 de junio de 2026, que las más de 30.000 entradas se agotaron en apenas unos minutos y los promotores tuvieron que anunciar un segundo concierto apenas un par de semanas después para satisfacer la demanda. En ese, el del miércoles 24, estuvo un servidor. Una cita ineludible para los fans españoles de Linkin Park, para los que alguna vez lo fuimos, y para los que sin serlo, ni haberlo sido nunca, sentían el impulso de estar en el evento del año en lo que a rock se refiere.
La ratonera en la que se convirtió Rivas hizo que dada la dificultad para aparcar (que no por más conocida, es menos frustrante), algo que logré hacer a más de dos kilómetros de distancia del recinto, consiguiera entrar en el Auditorio Miguel Ríos pasadas las 20:15. Tampoco es que fuera excesivamente tarde; me ahorré colas y parte del sofocante calor, aunque el suelo del recinto seguía ardiendo bajo nuestros pies, pero sí lo suficiente para que apenas viera a Phantogram despedirse del público y abandonar el escenario. No tengo ni idea de cual es su rollo, aunque me lo puedo imaginar. En cualquier caso, que tan solo dispusieran de veinte minutos de actuación (si es que llegó) me parece un poco cruel.
A las 20:45 aparecieron sobre las tablas Clipse. Estos contaron con el doble de tiempo para escupir sus rimas afiladas y su rap crudo old shool. Con su aclamado álbum de regreso «Let God Sort Em Out» bajo el brazo, se presentaron en Madrid ante un público que no es el suyo, pero que respondió razonablemente bien. Malice (ahora conocido como No Malice) aportó su perspectiva de fe, espiritualidad, madurez y remordimiento por sus acciones pasadas en las letras, mientras que Pusha T, que apareció ataviado con un chaleco que parecía de Protección Civil y un gorrito (que cojones tiene con la que estaba cayendo), continuó mostrando una faceta más combativa y callejera. Los hermanos Thornton aparecieron escoltados por DJ Yoo Q!, que enfundado en una camiseta del Real Madrid (¿cómo no?) ejerció su función de animar el cotarro lanzando las instrumentales y haciendo voces de apoyo. Una actuación solvente de rap, demasiado machacón para mi gusto, pero eficiente. Para ese menester, podían haber contado con gente más cercana como SFDK o Falsalarma, pero entiendo que la gira es la gira, y los compromisos son los que son.
El momento de la verdad se acercaba, y para crear hype nos mostraron por las pantallas un breve tráiler de «Unshattered», el documental dirigido por el DJ, sampleador y miembro fundador de la propia banda, Joe Hahn, cuya fecha de estreno está aún por confirmar y que narrará el proceso de resurrección vivido por Linkin Park. A renglón seguido, una cuenta atrás interminable de diez minutos que, en su tramo final, se vio amenizada por un tema de latineo que todo el mundo parecía conocer (y muchos coreaban) menos yo. Mira que yo no soy true, pero hay cosas que se escapan a mi entendimiento. Aunque visto lo que vimos después, quizá no tanto…
Nueve años habían pasado desde la anterior visita a la capital de los angelinos, formando parte del cartel del primer Download Festival Madrid que tuvo lugar en la Caja Mágica. Sí, tengo el dudoso honor de haber presenciado uno de los últimos conciertos de Linkin Park con Chester Bennington como vocalista, casi un mes antes de su dramático fallecimiento. Y con ese recuerdo en mente, no podía dejar escapar la oportunidad de presenciar este show enmarcado en el From Zero World Tour con el que la banda ha renacido de sus cenizas. Ambos conciertos tenían una importante carga emocional, y en ambos casos, ciñéndonos exclusivamente al aspecto musical, la sensación que me ha quedado es agridulce. En el caso que ahora nos ocupa, por mucho que digan que empiezan de cero, no es cierto. Tiene mucho mérito poner de nuevo en marcha la maquinaria y además parir un disco como el que lanzaron hace año y medio con Emily Armstrong al frente, pero si hoy en día tienen el alcance masivo que tienen es porque la marca Linkin Park tiene mucho peso, y esa marca se estableció hace más de un cuarto de siglo. Con ello quiero ir a lo más negativo puedo sacar del show, que es el repertorio elegido, algo que coincide con aquella ocasión de 2017, pero en este caso aún más sangrante dado que era un concierto propio, con dos horas para ellos, en lugar de un set de casi una hora dentro de un festival.
Una vez apagadas las luces comprobé que el impresionante apoyo de las pantallas iba a ser nuestra referencia visual, ya que poco o nada íbamos a poder ver a los protagonistas. Tan solo los ubicados en la zona VIP y en el generoso Front Stage iban a tener ese privilegio. La calidad del sonido iba a ser bastante buena, dadas las circunstancias, a lo largo de todo el show, pero eso lo comprobaríamos más tarde, porque cuando dieron el pistoletazo de salida con «Lying From You», el auditorio al aire libre se convirtió en un gigantesco karaoke y apenas se podía escuchar lo que salía de los altavoces. Y ya ni te cuento con «Crawling». Los himnos son los himnos, y lo raro aquí es que este cayera tan pronto. «Up From The Bottom», con Emily colgándose la guitarra, cerró una triada sublime. Después del bajonazo (para mí, claro está) de «New Divide» las espadas volvieron a estar en todo lo alto con «The Emptiness Machine», el tema bandera de su nuevo álbum y de los pocos que puede mirar de tú a tú a los clásicos de la dupla formada por «Hybrid Theory» y «Meteora». Ese podría considerarse el primer acto. ¿El segundo?, pues salvo honrosas excepciones como «With You», «Two Faced» o «One Step Closer», un tostón. Ahí dieron rienda suelta a su faceta pop-dance plagada de temas de esa parte de su discografía que yo he preferido ignorar, y lo que es peor, de la de Fort Minor. Porque vale que Mike Shinoda sea el cerebro y el alma de la banda, pero me parece del todo innecesario que se ponga en plan MC y Santa Claus durante un cuarto de hora. En cualquier caso, y puestos a ponerse tiernos, hubiera preferido «Leave Out All The Rest» o «Shadow Of The Day» sobre otras de las baladitas que interpretaron. Y eso que no repararon en «One More Light», único álbum del que no tocaron ni un solo tema. Me pregunto por qué…
El tramo final, como marcan los cánones, estaba reservado (en su mayor parte) a los temas más emblemáticos. Elevó la tensión de los fanáticos una «Numb» de la que se podían haber ahorrado tanto el tramo inicial emulando el «Numb/Encore» que en su día interpretaron con la colaboración de Jay-Z, como el final en el que versionaron un trozo en clave de reggae. Se vio relajada y distendida a Emily Armstrong en ese momento, al igual que en otro en el que amagaron con versionar otro tema del género, así que vete a saber si nos sorprenden con un nuevo viraje en su estilo próximamente, mirando esta vez hacia Jamaica. Estando a un buen nivel en líneas generales, es innegable que se la ve más cómoda en los temas nuevos, en cuya composición ha participado, que en los que se convirtieron en himnos intergeneracionales en la voz de Chester Bennington. Motivo por el cual, seguramente, dejaba que fuera el público el que llevara la voz cantante en numerosos momentos, como al interpretar el mítico «In The End». Otros tan potentes como «Faint» y «Papercut» también desataron la histeria colectiva aunque no desprendieran la misma agresividad que en sus versiones de disco. El cierre lo echaron con «Heavy Is The Crown», que merecidamente apunta a nuevo clásico ineludible en los directos, y un «Bleed It Out» que cumplió a la perfección como fin de fiesta.
Como resumen de todo lo anteriormente expuesto, podríamos decir que vivimos un concierto lleno de altibajos donde los highlights nivelaban el nivel de las partes excesivamente poperas que predominaron en el setlist. Lo disfruté a tramos, pero me es inevitable la sensación de que falta algo, de que mataría por haberlos visto en 2003 en alguna fecha del LP Underground Tour. ¿Os imagináis presenciar en directo lo que podemos ver en el «Live In Texas»?. Debió ser una experiencia impresionante. Tampoco me hubiera importado en absoluto haber estado en aquel directo en Milton Keynes de 2008 que quedó registrado en el CD+DVD publicado el mismo año bajo el título de «Road To Revolution» del cual me hice en su momento con una copia que incluía una camiseta, la que llevaba puesta en este concierto con la ilusión, quizá demasiado optimista, de que podría encontrarme algo similar. Está claro que ahora son algo mucho más grande que una banda de nu metal, de hecho estoy seguro de que un número considerable de los asistentes a su show estuvieron hace unas semanas en alguno de los de Bud Bunny y lo ven perfectamente coherente, pero la esperanza es lo último que se pierde.

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