Que se vayan preparando y frotando las manos los más exigentes aficionados al rock-blues ya que el “ex – stripe” Jack White se ha marcado 13 sublimes pistoletazos adyacentes a este género a través de su séptimo disco en solitario, «Frozen Charlotte» (Third Man Records); es decir, un vigoroso arsenal de indetenibles riffs guitarreros, unos relativamente crudos ritmos de carácter ganador y una permanente contundencia que convence desde el primer acorde.
Con ciertos ecos de Blue Cheer, de Jimi Hendrix o de Led Zeppelin, entre otros muchos, el cantante y guitarrista proveniente de Michigan consolida, definitivamente, su personalísimo estilo personal, es decir, que apuntala durante el minutaje de este LP su muy particular rock; algo desnudo éste pero, al mismo tiempo, realmente sugestivo.
No nos detendremos aquí mucho en comparar esta nueva entrega del astro de Detroit con sus anteriores trabajos y más bien, nos centraremos en este fresco y muy disfrutable repertorio actual. Solamente apuntaremos al respecto que «Frozen Charlotte» podría ser, tal vez, la continuación estilística de su álbum previo, «No Name» de 2024. Y es que además, ya de entrada, la estética azuloide de ambas portadas parece emparentar a dichas obras.
Así pues, despega el novedoso repertorio, de 2026, con la trotona y decidida “G.O.D. and the Broken Ribs” y continua con el pantanoso y rugoso compás de “Derecho Demonico”, donde también Jack White agrega su propia colección de distorsiones instrumentales. Sin conceder ninguna tregua, se plantan después la rotunda y martilleante “There’s Nobody There”, la algo marcial y bastante psicotrópica “Raising the Grain”, la hercúlea y agresiva “You’ll Never Fix Me” o la rocosa y directa “Nobody Knows”.
Prosigue Jack White con sus apuestas neo-garageras pero también “zeppelinianas” a través de “Dollar Bill” y se mantiene muy unitario el disco también con las intensas y férricas “I Can’t Believe What I’m Hearing”, “Thick As Thieves”, “She’s In A Frenzy” y “Making Contact”.
Por otro lado, “All Alone Again” y “Neighbors Blues” resuenan como si un viejo bluesman del Delta del Mississippi hubiera poseído el alma de Jack White y luego éste último hubiera hecho rebotar en una pared todas esas añejas cadencias a ver que ocurría y hubiera pasado él por un moderno cedazo ese desgarrado sentimiento sonoro de los años 30, en Estados Unidos, con Robert Johnson al frente.
En definitiva, por medio de esa pujante perforadora que es el LP «Frozen Charlotte», el singular Jack White sabe perfectamente como extraer petróleo rockero todo el tiempo; siempre con el inestimable auxilio de Dominic Davis (bajo), Bobby Emmett (teclados) y Patrick Keeler (batería).
Txus Iglesias
Jack White
Lo mejor: La bastante profunda pegada y la evidente sapiencia musical que transmite Jack White durante la absoluta totalidad de «Frozen Charlotte».
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