A Night Of Mellon Collie And Infinite Sadness Feat. Billy Corgan (Palacio Vistalegre, Madrid) 12/9/26

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A Night Of Mellon Collie And Infinite Sadness Feat. Billy Corgan. Rock4Spain

Una noche en la ópera. Madrid. Una plaza de toros. Un emblemático disco de rock alternativo como hilo conductor. Una combinación improbable con la que Billy Corgan tuvo a bien obsequiarnos en una velada mágica, pero porqué no decirlo, también desconcertante. El espectáculo rinde homenaje al icónico álbum doble de The Smashing Pumpkins «Mellon Collie and the Infinite Sadness» (publicado en octubre de 1995, aunque lo estén vendiendo como el 30º aniversario), para el cual el artista ha diseñado esta experiencia inmersiva y conceptual donde desglosa el universo narrativo, lírico y melódico de esa época.

«A Night Of Mellon Collie And Infinite Sadness» es uno de los proyectos en directo más ambiciosos y personales que Billy Corgan ha montado en su carrera. Y mira que ha montado movidas, porque si hay algo que no le falta al bueno de Corgan es imaginación y aires de grandeza. Pero este se sale aún más de lo convencional. No se ha limitado a vestir las canciones de adornos líricos y orquestales, sino que las ha transformado por completo, hasta el punto de hacerlas casi irreconocibles. El espectáculo duró exactamente dos horas, a las que habría que descontar los veinte minutos de descanso en el ecuador.

El Palacio Vistalegre se transformó, aunque tan solo fuera por una noche, en el Teatro Real. El silencio sepulcral se rompió con los aplausos para recibir a los miembros de la orquesta primero, y a los del coro después, y rompió en ovación cuando hizo su aparición en escena el director de la orquesta, James Lowe, seguramente porque gran parte del público se confundió de calvo. El protagonista (o mejor dicho, el que debería serlo) no se dejaría ver hasta el quinto tema del set.

Arrancó la actuación con las notas de piano del tema que da nombre al icónico disco homenajeado, mientras se iban incorporando el resto de instrumentos para allanar el camino a una interpretación instrumental de «Tonight, Tonight». La puesta en escena era impecable, con una pantalla gigante presidiendo el escenario sobre la que se proyectaban imágenes preciosistas sincronizadas al son de la música. Y sobre las tablas, una completísima orquesta sinfónica, Mad4Strings, y un coro de 40 voces, capaces ambos de hacer las delicias auditivas tanto de los aficionados a la ópera como de los profanos en la materia, que aquí éramos la gran mayoría.

Como decíamos anteriormente, no fue hasta el quinto tema, «Thirty-Three», que Billy Corgan se dejó ver ante su público, el cual respondió entusiasmado, aunque observó con incredulidad como abandonaba las tablas al acabar la canción. Y es que ahí está el gran problema de este espectáculo. El autor de las canciones originales con las que se publicita el evento se limitó a aparecer cada cuatro o cinco temas para volver a desaparecer inmediatamente después de aportar su inconfundible voz a las elegidas del repertorio. Además de la mencionada, estas fueron «Zero», «1979», «To Forgive», y una segunda interpretación de «Tonight, Tonight» tras la cual hubo varios minutos de aplausos antes de bajar el telón. Entre medias, fueron varios tenores, barítonos, sopranos y mezzosopranos quienes pusieron voz a unas canciones que lucieron aún más grandilocuentes que en su versión original. La voz ampulosa de los intérpretes fue impecable, no cabe ninguna duda, pero la dicción característica del género hizo imposible entender prácticamente nada de las canciones. Del mismo modo que la exquisita interpretación instrumental no fue óbice para disfrutar del evento, pero sí para disfrutar de un concierto de rock. Porque esto ni siquiera fue una ópera rock, fue una ópera a secas, aunque estuviera aderezada por minis de cerveza, y eso mucha gente no se lo esperaba.  

La ambición del líder de The Smashing Pumpkins está fuera de toda discusión y resulta digna de elogio, pero que su presencia sobre el escenario apenas fuera testimonial es lo que no me parece de recibo. Porque al resto poco se le puede objetar. Incluso el sonido, algo que a menudo es mejorable en este recinto, en esta ocasión fue impoluto, realmente impresionante. Pero la sensación generalizada es que «Mellon Collie And The Infinite Sadness» se merecía otro tipo de homenaje.

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Fundador y director de Rock4Spain. Esposo y padre de dos. Funcionario del rock & roll. Tras aparcar sus proyectos musicales propios y con la experiencia que le dan varios años de colaboración como redactor en cylcultural.org decide lanzarse a esta empresa.

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